¿Qué hace un sacerdote como tú en un sitio como este?
Es un martes cualquiera y la sala de la Fundación Tatiana está llena de alzacuellos. La escena podría parecer excepcional, pero aquí ya tiene algo de rutina. Sacerdotes de distintas diócesis se cruzan en los pasillos entre sesiones, cafés rápidos y conversaciones a medio terminar.

Algunos atienden llamadas con una naturalidad que solo da la urgencia pastoral: cambios de última hora, enfermos que reclaman presencia, funerales que se adelantan, retiros que se reorganizan sobre la marcha.
Y, en medio de todo esto, oyen hablar sobre inteligencia artificial, sobre el reto que supone el cerebro para la ciencia o sobre cómo se está configurando la identidad de género en el siglo XXI.
El Seminario de Liderazgo Cívico para Sacerdotes de la Fundación Tatiana no es una formación pastoral y se sitúa deliberadamente en otro plano: el de la comprensión del mundo contemporáneo.
Quienes participan lo hacen con agendas apretadas y ministerios exigentes. La mayoría llega desde parroquias, santuarios o responsabilidades diocesanas donde el día a día se mide en urgencias concretas. Y, sin embargo, reservan varios días para escuchar a filósofos, juristas, neurocientíficos, criminólogos o politólogos hablar de identidad, tecnología, derecho, biología o geopolítica.
La pregunta es inevitable: por qué.
Para Antonio Sanfélix Forner, alumno de la III edición del curso y sacerdote de la diócesis de Segorbe-Castellón, la clave está en el contexto. Su vocación nació en la infancia y se consolidó en la parroquia del Santo Ángel de Vall de Uxó, antes de entrar en el seminario con 18 años. Hoy es párroco en Chilches y La Llosa, además de asumir diversas responsabilidades en la diócesis en el ámbito litúrgico y pastoral.
Habla del curso como un espacio necesario para situar la acción pastoral en un mundo atravesado por cambios culturales profundos: nuevas formas de identidad, crisis de sentido, fragilidad familiar, debates éticos cada vez más complejos. Escuchar a especialistas, dice, ayuda a afinar la mirada y a no perder contacto con las preguntas reales del mundo en el que se mueve la gente a la que acompaña.
Manuel Vargas, alumno de la I edición, sacerdote de Getafe y vicario episcopal en el Santuario del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles, asegura que el ministerio conlleva una exigencia intelectual constante: el sacerdote está obligado a no dejar de aprender.
No por acumulación de saber, sino por una cuestión más de fondo: el sacerdote trabaja con el corazón humano, y necesita herramientas para comprenderlo en su complejidad actual.
El curso, en su experiencia, no solo amplía conocimientos, sino que ayuda a mantener profundidad en el acompañamiento espiritual y humano de las personas.
Pablo Marina, alumno de la II edición, párroco en Navacerrada, llegó al sacerdocio tras un proceso de discernimiento iniciado en 2003, tras un encuentro con san Juan Pablo II en Cuatro Vientos. Lleva más de una década al frente de su parroquia y conoce bien el peso de lo cotidiano.
Describe el seminario como una oportunidad para ampliar perspectiva en medio de la intensidad del trabajo pastoral. No tanto para encontrar respuestas, sino para entender mejor las preguntas. Y en esa línea introduce una idea clave: comprender mejor el mundo no es algo accesorio, sino parte de la forma en que se acompaña la vida concreta de las personas.
Álvaro Piñero, de la diócesis de Getafe y alumno de la II edición. Ordenado en 2019, trabaja con jóvenes y familias en Villaviciosa de Odón mientras continúa su formación académica con un doctorado en San Dámaso.
Su lectura es más directa: el riesgo no es solo no entender el mundo, sino quedarse sin lenguaje para poder hablar en él. El curso, en ese sentido, funciona como un ejercicio de traducción entre el mundo contemporáneo y el lenguaje pastoral.
Pero añade un matiz más amplio: el contexto actual obliga a no encerrarse, sino a intentar comprender las claves culturales, sociales y mediáticas con las que viven los jóvenes hoy.

Un mapa de debates contemporáneos
El programa del seminario se estructura en torno a siete grandes áreas de debate que funcionan como radiografía del presente: la construcción contemporánea de la identidad personal, los debates sobre el inicio de la vida humana, la relación entre cerebro y mente, el Estado de derecho, la geopolítica global, las adicciones vinculadas a las redes sociales y el impacto de la inteligencia artificial.
No hay un hilo religioso explícito en los contenidos. La apuesta es otra: ofrecer herramientas para comprender las transformaciones culturales, científicas y políticas que atraviesan la vida cotidiana.
Las sesiones combinan disciplinas y perspectivas: derecho, neurociencia, filosofía, psicología o análisis político y la intención no es dar respuestas cerradas, sino abrir marcos de interpretación.
Antonio Sanfélix destaca el carácter interdisciplinar y la calidad de los ponentes, que permiten abordar cuestiones complejas sin simplificaciones. Y Álvaro Piñero pone en valor la enorme necesidad de ampliar las referencias culturales para la predicación y el acompañamiento.
Pero si algo repiten los participantes es que lo mejor del curso no figura en el programa oficial. Entre sesión y sesión aparecen conversaciones informales que se convierten, casi sin querer, en una segunda capa del seminario. Sacerdotes de contextos muy distintos comparan experiencias, contrastan dificultades y comparten intuiciones sobre lo que ven en sus parroquias.
Manuel Vargas lo resume como uno de los elementos más valiosos: esos diálogos no planificados donde la teoría se encuentra con la realidad concreta del ministerio. Pablo Marina también subraya el valor de la convivencia entre sacerdotes de distintas diócesis.
Pensar el mundo para seguir en él
La Fundación Tatiana enmarca este seminario dentro de su misión de promover una formación humanista orientada al liderazgo cívico. Su punto de partida es una idea amplia de liderazgo: no solo como ejercicio de responsabilidad institucional, sino como capacidad de contribuir a la vida común mediante la comprensión rigurosa de la realidad.
En ese marco, el sacerdote aparece como una figura especialmente significativa. No tanto en su dimensión estrictamente religiosa, sino como alguien que, en muchos contextos, desempeña una función de creación y mantenimiento de comunidades de sentido.
El seminario parte precisamente de esa realidad: la de un ministerio que se desarrolla en contacto directo con las transformaciones sociales contemporáneas, y que se enfrenta a un entorno cultural cada vez más complejo.
La intención no es intervenir en la formación teológica ni pastoral de los participantes, sino ofrecer un espacio distinto: uno en el que se pueda analizar el mundo contemporáneo con herramientas procedentes de la filosofía, la ciencia, el derecho o las ciencias sociales.



