Anna Reuter, comisaria de la exposición de dibujos de la Fundación Tatiana: “La belleza es para todos”

Entre los tesoros de un antiguo patrimonio familiar han permanecido durante décadas dibujos delicados, escenas de viaje, retratos y paisajes que hoy vuelven a la luz.
La exposición organizada en el Palacio de los Golfines de la Fundación Tatiana revela no solo el primer retrato conocido de Isabel II como reina, sino también el refinado gusto artístico de una aristocracia que miraba a Europa en busca de emociones, belleza y modernidad.
Fruto de un largo proceso de investigación y catalogación, esta colección inédita invita a redescubrir el valor del dibujo como memoria cultural y como espejo de una época. En esta entrevista, la comisaria Anna Reuter comparte los hallazgos, las preguntas abiertas y la fascinación por un patrimonio que todavía guarda secretos.

¿Cómo surgió la idea de poner en valor esta colección de dibujos que hasta ahora no se conocía públicamente?
La Fundación Tatiana me encargó la catalogación del fondo para su base de datos en 2019. El confinamiento producido por la pandemia de la COVID me permitió investigar algunas de las obras y alerté a la dirección que sería muy importante hacer una catalogación exhaustiva.
Se retomó la idea después de la exposición del pintor Sánchez Perrier de 2023, realizada en colaboración con el Museo Nacional del Prado. La inauguración debió coincidir con el décimo aniversario de la apertura al público del Palacio de Golfines de Abajo, con el propósito de que la exposición fuera uno de los colofones de las celebraciones relacionadas con dicho aniversario y cumplir con el deseo de la Fundación Tatiana de dar a conocer su rico patrimonio cultural, hacerla accesible al público. ¡La belleza es para todos!
Esta exposición reúne casi 80 dibujos de los siglos XVIII y XIX conservados en un álbum familiar. ¿Qué te sorprendió más al abordar este proyecto?
Supuse que se trataría de una colección de autores de menor interés, pero la sorpresa fue mayúscula al encontrarme con piezas exquisitas, de pintores de primer orden, procedentes de las escuelas francesa, italiana e inglesa.
No obstante, fue también sorprendente encontrarme con interesantes dibujos españoles, provenientes indudablemente del antiguo obrador del Palacio Real, prueba de la cercanía de los marqueses de la Torrecilla con la Casa Real. Así lo demuestran, por ejemplo, los dibujos de José del Castillo, el retrato de la reina Isabel II y los relacionados con las competiciones artísticas que tuvieron lugar en las recién creadas academias de Bellas Arte y, sobre todo, las trazas de arquitecto, entre ellas el diseño de Teodoro Ardemans de la famosa Puerta de Alcalá de Madrid.
¿Qué criterios te guiaron a la hora de seleccionar las obras que componen la muestra?
La calidad artística e histórica de las piezas, teniendo en cuenta que pueden mostrar la riqueza del dibujo antiguo europeo, abarcando técnicas muy diversas, con las que se pueden obtener resultados asombrosos. La estrella de todas las técnicas que pueden disfrutarse en el recorrido es la de las acuosas, es decir, la aguada y la acuarela. Esta última, muy pictórica y vistosa, por lo que disfrutó desde el siglo XVIII de una gran difusión, y de la que hemos elegido las mejores hojas.
¿Qué importancia tienen las obras de las mujeres artista en la colección?
Desde el mismo momento que comencé la catalogación me pareció especialmente importante el estudio de las obras de las mujeres pintoras: una reconocida maestra como Hortense Haudebourt-Lescot, de indiscutible calidad artística y capacidad creativa, como bien demuestra su acuarela con el espectáculo de guiño. El importante grabado sobre la dama caritativa que refleja una escena cargada de sentimentalismo, premiada en los Salones de París, reproducida numerosas veces en estampas como la nuestra, que se realizó para los miembros de la Asociación de Amigos de Bellas Artes de París, a la que perteneció indudablemente el marqués de la Torrecilla, antecesor de la marquesa Tatiana, es de primer orden y deja constancia sobre su formación artística, que pasó por Roma y no tenía nada que envidiar a la de los pintores coetáneos.
Otra situación se da con Dolores de Salabert y Torres, tía tatarabuela de la fundadora, doña Tatiana Pérez de Guzmán. Vetada la formación artística en las academias, Dolores recibió muy probablemente su formación en el entorno doméstico, instruida quizá con cartillas y un profesor particular que le hizo copiar estampas.
Fue nombrada miembro de mérito de la Academia de San Fernando en Madrid en el año 1815. Goya acababa de pintar El dos de mayo y El tres de mayo de 1808, pinturas de historia que no parecieron del agrado del nuevo rey, Fernando VII, ya que desaparecieron en los almacenes de Palacio hasta ser enviadas al Museo Real. En esa misma categoría de la pintura de historia fue aceptada doña Dolores. Me pregunto si Goya llegó a conocer a esa pintora que se dedicaba al arte en fecha tan temprana y mucho antes de que fuera considerada una afición adecuada para la educación de una señorita.
La exposición no es solo un conjunto de dibujos, hay narrativas: romanticismo, paisajes, costumbrismo, caricatura. ¿Qué historia querías transmitir al público?
La muestra, como la colección, es un fiel reflejo del gusto de sus dueños, en consonancia con el de la aristocracia europea del siglo XIX, que buscaba, por ejemplo,emociones fuertes en marinas, los naufragios, las batallas o el deseo del viaje, con los recuerdos plasmados en vistas y bellos paisajes, o bien el pasatiempo por excelencia del paseo urbano y los quehaceres reflejados en escenas de género, entre ellas las de marcado sentido del humor, en consonancia con el resto de la colección. A los marqueses les encantó el género y así lo demuestran también otros fondos de la colección de la Fundación: las caricaturas y litografías del mundo periodístico como La Caricature.
¿Ha habido piezas que te haya costado especialmente interpretar o contextualizar?
El dibujo de los pintores menos conocidos del ámbito francés, como es, por ejemplo, un pintor del cual sigo sin saber de quién se trata, a pesar de que firma y fecha cada una de sus acuarelas. He elegido tres, muy representativas de la serie conservada, con la esperanza de que alguien pueda reconocer al pintor y contribuir a arrojar luz sobre R. Violette.
Uno de los hallazgos más llamativos es el primer retrato conocido de Isabel II como reina de España. ¿Qué lo hace especial desde el punto de vista histórico y artístico?
Desde luego por ser el primer retrato de una monarca recién proclamada. Su padre apenas había fallecido y ya se buscaba difundir su efigie para asegurar su sucesión ante el pretendiente carlista, hermano de Fernando VII. Había que actuar rápido y eso se consiguió con la imagen acuñada de la niña, para la que sirvió de preparatorio ese dibujo.
Más allá de lo artístico, ¿qué puede enseñarnos esta exposición sobre la historia social y cultural de España en el XIX?
Queda completamente zanjado el prejuicio que rondaba hasta hace poco tiempo en la historia del coleccionismo español de que en España no se apreciaban, como en otros países, los conjuntos de dibujos.
La colección de la Fundación Tatiana es un vivo ejemplo de ese tipo de colección, aunque bien es cierto que es menos numerosa que la de, por ejemplo, el marqués de Cerralbo, José Lázaro Galdiano o Valentín Carderera. No obstante, es un fantástico ejemplo de que en cada casa culta no podía faltar una colección de dibujo, con ejemplos señeros de las escuelas española e italiana, pero sobre todo, a partir del siglo XIX, la francesa. Recordemos que la nobleza española compraba en París, como también es el caso de la Casa Torrecilla.
¿Sigues trabajando sobre la colección?
Me gustaría resaltar que la investigación sobre los dibujos aún está en curso, sin acabar, y que quedan cosas por descubrir. Algunas de las novedades descubiertas después de la publicación del catálogo de la exposición las he expuesto en la conferencia del 22 de enero pasado.
Gracias a la difusión del catálogo y al contacto establecido con otros investigadores he podido confirmar la atribución de una aguada a François Marius Granet (cat. 63) y ajustar, sin embargo, la verdadera identidad del pintor que firma una escena de batalla napoleónica como Legros. Espero que el futuro nos pueda dar más pistas sobre algunas obras de las que desconocemos el autor.