Ernesto Castro sobre Simone Weil: “Hay que tener libertad para expresarse contra los que nos rodean”

Ernesto Castro (Madrid, 1990) es doctor en Filosofía, profesor de Estética en la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los pensadores más singulares de su generación.
Con una prolífica obra que transita entre lo académico y lo literario —desde el análisis de la música popular hasta sus «dianovelas»—, Castro ha construido un espacio de reflexión único a través de su canal de YouTube, donde más de 100.000 seguidores se asoman a la filosofía de «verdad».
En el marco curso de verano Young Civic Leaders de la Fundación Tatiana en Cáceres, Castro fue el encargado de clausurar las jornadas con una ponencia de título provocador: “La filósofa favorita de Rosalía: ¿Qué tiene que decirnos hoy Simone Weil?”.
Ante un auditorio de jóvenes líderes vinculados a grandes corporaciones, el filósofo propuso un ejercicio de «desaprendizaje»: observar el mundo desde la mirada de Weil, una mujer marcada por la derrota, la enfermedad y una «impotencia» política que, paradójicamente, emana una autoridad arrolladora.
Frente a la obsesión contemporánea por el rendimiento y la autorrealización, Castro reivindica a una Weil «cartesiana de izquierdas» que parte del cuerpo y sus necesidades para denunciar la servidumbre a la cultura y al «animal divino» de la sociedad.
Conversamos con él sobre su lectura de Weil, por qué el verdadero arraigo puede ser «un arraigo en el aire» y por qué, en un mundo de fuerzas desbocadas, la libertad consiste, ante todo, en una acción pensante capaz de escapar al vértigo colectivo

Da la impresión de que en Weil la biografía y la filosofía son inseparables. ¿Hasta qué punto se puede entender su pensamiento sin pasar por su experiencia como obrera, miliciana o exiliada?
No, no se puede entender. No sería malo, sin embargo, una separación de vida y obra. Evitar la hagiografía y analizar críticamente los conceptos que nos legó. Muchos conocen su biografía, pero ¿cuántos saben cómo se titula su principal obra? Reflexiones sobre las causas de la libertad y … [de la opresión social] . Tampoco nos lo puso fácil con tantos inéditos, tantas cartas, tanta obra dispersa e inacabada.
¿Qué puede decir una mujer que vivió la derrota, la enfermedad y la impotencia política a una época obsesionada con la autorrealización y el rendimiento?
Pues eso, que no hay que obsesionarse tanto. Aunque a Weil se la podría entender como una resultadista, como una deportista de alto rendimiento en la competición del martirio, como una autorrealizada neta en el autoodio judío. Al final no tiene sentido escapar de la idea de poder y de potencia. Lo interesante de Weil es cómo explica el origen de las fuerzas que nos superan y trascienden a partir de las disciplinas, hábitos y protocolos que convierten nuestras potencias en poderes.
Cómo —ya sea en el capitalismo, en el socialismo o en la guarrada de sistema económico que tenemos ahora— las fuerzas productivas se vuelven destructivas a partir de cierto nivel de competencia y complejidad.
¿Qué lugar ocupa el cuerpo en una filosofía tan asociada a la espiritualidad?
En la charla se me ocurrió decir que, para entender a Weil, lo primero es darnos cuenta de que era una filósofa francesa, ergo: cartesiana. Cartesiana de izquierdas, propuse, esto es: spinozista, que parte de la evidencia de que «nadie sabe lo que puede un cuerpo».
Es el punto de partida, no necesariamente de llegada. Weil parte del cuerpo, sus potencias y poderes, sus deberes y necesidades, y culmina en la gracia desarraigante que nos obliga a «elevar la mirada», como dijo Alguien.
A todo esto, un ejemplo de cartesiano de derechas, que en la disyuntiva entre res cogitans et extensa opta por la mente y se queda allí atrapado, como un espectador pasivo de su propia vida, es el pobre Nicolas Malebranche. En general, el ocasionalismo francés, para quien resulta altamente problemática la relación entre conciencia y corporeidad.
Dices que hay una idea muy provocadora en Weil: que no nos pertenecemos a nosotros mismos. ¿Cómo encaja eso con la sensibilidad contemporánea, tan centrada en la autonomía individual? ¿Cuáles son las responsabilidades hacia uno mismo que derivan de ese no pertenecerse?
Pues encaja mal o bien, según se vea. En el fondo, decir que uno no posee un cuerpo, sino que es un cuerpo, no significa nada si no va acompañado de una teoría sobre la diferencia entre ser y tener (¡y aparentar!) y cuáles son los deberes y derechos que emanan de cada uno de esos verbos tan grandes.
La teoría del valor-trabajo de Marx, por ejemplo, parte de la misma antropología filosófica que Locke, solo que con conclusiones socialistas no previstas por el liberalismo del siglo XVII.
En el fondo, Weil es una individualista, que sospecha muchísimo del «animal divino» en que se convierte la sociedad a poco que se rinde culto a sí misma a través de sus emblemas culturales. Weil reivindica el derecho de expresión, desvinculándolo del derecho de asociación. Hay que tener libertad (y voluntad) de expresarse contra los que nos rodean. Su arraigo superior, el arraigo en el aire por el que ella abogaba, no consistía en refugiarnos nuevamente en el calor del rebaño.
Weil denuncia la servidumbre a la cultura. ¿Qué servidumbres de nuestro tiempo denunciaría?
Todas las que conociera de primera mano. No era mujer de opinar e indignarse por cuenta ajena. No tendría redes sociales, sin duda. Y tampoco publicaría mucho, si eso en algún fanzine no digitalizado. Probablemente haya cientos de Weils en activo ahora mismo. Hoy ignoradas por la industria editorial, en cien años se lanzarán a despedazar su insepulto cadáver literario. Cómo se ha editado el corpus weiliano debería obligarnos a recapacitar sobre la rapiña de los editores.

Uno de sus conceptos centrales es el arraigo, pero al mismo tiempo tú aseguras que no estaría en contra de ciertos procesos de desarraigo. ¿Cómo se resuelve esa tensión?
Se resuelve a poco que uno lea el libro titulado Echar raíces. Nos queda solo la pars destruens, la denuncia del capitalismo que ya estaba en su obra previa. Por una cultura basada en prejuicios a partir de titulares, resúmenes de prensa, tik-toks y solapas de libros, se ha supuesto que Weil no titularía así su libro si no estuviese a favor de que todos nos aprendiésemos los bailes regionales de nuestro pueblo… «No era eso, no era eso», como dijo otro. Toda la vida de Weil es un intento de desarraigarse contra los desarraigadores del capitalismo, bolchevismo, franquismo y nazismo. Al final, con su muerte prácticamente autoinducida, lo logró.
¿Qué significa exactamente que el hombre llega a ser quien es en las «malas horas» y no en las «buenas horas»?
Quise traducir literalmente lo de malheur, que en francés tiene una connotación cronológica clarísima. Longtemps, je me suis couché de bonne heure, escribe Proust en su magna narración/reflexión sobre el tiempo: «Hace tiempo que me acuesto a buena hora». Stendhal definió la belleza como una promesse de bonheur, una «promesa de felicidad» que se entiende mejor cuando cobramos conciencia de que se refería a la belleza femenina. La «promesa de una buena hora» es algo mucho más siniestro, mucho más acorde con nuestra concepción inquietante de la belleza.
Para Weil, la desdicha, la infelicidad, el malheur, las malas horas que pasamos con nosotros mismos y los demás, nos definen con mayor precisión que esa alegría extática que hoy pasa por sinónimo de felicidad y autorrealización. En el fondo, la diferencia entre un capricho y una vocación es que la segunda la seguiríamos persiguiendo aunque nos exigiera sacrificios y nos hiciera daño. He ahí el peligro de las vocaciones mal orientadas.
¿Cómo entiende Simone Weil la libertad?
Como acción pensante. No como hacer lo que nos dé la gana, sino como tener a nuestro alcance los medios para hacer frente a la adversidad. Teniendo un hermano matemático, es normal que ella plantease la libertad con una metáfora de ese campo científico. Libre, por antonomasia, es el matemático que se enfrente a sus problemas con las herramientas de su talento y su formación, sin fuerzas externas ni azares ni imposiciones arbitrarias, salvando la eventual inspiración genial.
Así entendía Weil la libertad en su primera obra maestra: esas Reflexiones sobre las causas de la libertad y … cuyo título nos resultan hoy tan estimulantemente antimarketiniano.
En Echar raíces, su segunda cima literaria, abandonó ese ideal regulativo matematizante, nuevamente cartesiano, en favor de una atención a los deberes, obligaciones, no derechos y libertades. El hombre nace y vive esclavo del deber, como debe ser.
Has dicho que admiras mucho a Simone Weil, pero que tampoco terminas de entenderla del todo. ¿Qué aspecto de su pensamiento sigue resultándote más enigmático?
Por qué no se bautizó. Si lo hubiera hecho, sería santa, doctora de la Iglesia y sabe Dios qué más.