Alva Nöe El Prado y la Fundación Tatiana se unen para explorar la experiencia artística desde la neurociencia y la filosofía
Una iniciativa singular para comprender cómo percibimos el arte pictórico en uno de los museos más importantes del mundo
El Museo Nacional del Prado y la Fundación Tatiana, a través del Centro Internacional de Neurociencia y Ética, han puesto en marcha el “Programa de Residencia Internacional de Neurociencia y Arte”, una innovadora iniciativa que abre nuevas vías para investigar cómo los espectadores perciben y experimentan el arte pictórico. El proyecto tiene un enfoque interdisciplinar y se basa en la colaboración de tándems formados por un neurocientífico y un filósofo de la mente, que trabajarán juntos para analizar qué sucede en nuestro cerebro y en nuestra experiencia subjetiva al contemplar una obra de arte. Los dos primeros expertos encargados de abordar esta investigación serán el neurocientífico Javier de Felipe, del Centro de Neurociencias Cajal-CSIC, y el filósofo de la mente Alva Noë, de la Universidad de Berkeley.
La singularidad de esta propuesta radica tanto en su enfoque como en su contexto: el Museo del Prado, una de las pinacotecas más importantes del mundo, cuya colección supera las 7.600 pinturas y reúne obras maestras de artistas como Velázquez, Goya, El Greco, Rubens o Tiziano. Las colecciones del Prado, que abarcan un arco temporal de diez siglos, fueron contempladas por más de tres millones y medio de visitantes en 2024, testigos del poder del arte para provocar emociones, reflexión, asombro…
La experiencia del arte
¿En qué consiste realmente esa vivencia artística? ¿Qué ocurre en nuestro cerebro y en nuestra mente cuando observamos una obra? Para responder a estas preguntas, este proyecto une la neurociencia, que estudia los procesos cerebrales, y la filosofía de la mente, que analiza cómo damos sentido a lo que percibimos. El objetivo es comprender no solo cómo vemos y sentimos el arte, sino también cómo lo interpretamos y lo incorporamos a nuestra experiencia personal.
Lejos de ser un proceso simple, la apreciación artística activa distintas áreas del cerebro de forma dinámica. Las regiones visuales procesan colores, formas y texturas; otras, vinculadas a las emociones, nos permiten conectar con la obra y experimentar belleza y emoción. Incluso las áreas relacionadas con el movimiento pueden activarse si la pintura sugiere dinamismo.
Pero la percepción artística no depende solo de la información sensorial. El conocimiento, la memoria y el contexto juegan un papel esencial. Lo que sabemos, lo que hemos vivido o el significado que atribuimos a una obra influyen profundamente en cómo la interpretamos. Así, contemplar arte se convierte en una experiencia única donde convergen percepción, emoción y pensamiento.
Esta iniciativa permitirá abordar también preguntas clave: ¿qué es realmente la experiencia estética?, ¿qué mecanismos hacen que algo nos conmueva?, ¿por qué algunas obras dejan una huella duradera en nuestra memoria?

Un proyecto que une neurociencia y filosofía
La neurociencia actual propone que la experiencia estética resulta de la interacción entre tres grandes sistemas cerebrales: el sensorial, que procesa lo que percibimos; el emocional, que genera respuestas como placer, asombro o rechazo; y el cognitivo, que interpreta la obra y la vincula con nuestros recuerdos y conocimientos. Este modelo explica por qué la misma obra puede provocar reacciones distintas en cada persona: la experiencia artística es, en esencia, un diálogo entre la obra, el contexto y quien la contempla.
Sin embargo, como plantea Alva Noë en Strange Tools: Art and Human Nature¹, el arte va más allá de la observación. Es una herramienta para investigar nuestra realidad, cuestionar nuestra organización social y explorar quiénes somos. Arte y filosofía comparten la tarea de transformar nuestra manera de pensar y expresarnos.
De forma complementaria, Javier de Felipe, en El jardín de la neurología², muestra cómo el cerebro, con su intrincado entramado de neuronas y sus infinitas conexiones, no solo constituye el fundamento biológico de la creatividad, sino que se convierte en sí mismo en un motivo artístico: es a la vez taller y lienzo, un escenario donde ciencia y arte dialogan para revelar la belleza de la mente y la profundidad de la experiencia humana.
Tanto desde la filosofía como desde la neurociencia, Noë y De Felipe coinciden en que la experiencia estética no es un simple acto de observación pasiva, sino un proceso profundo en el que percepción, emoción, conocimiento y conciencia se entrelazan. Para ambos, el arte no solo se contempla: se vive, se interpreta y se convierte en una vía privilegiada para explorar la mente humana.
Esta colaboración excepcional entre el Museo del Prado y la Fundación Tatiana, que aúna arte y ciencia a través de expertos de primer nivel, permitirá observar de forma integrada no solo lo que ocurre en el cerebro, sino también cómo se vive internamente la experiencia estética. Así, este proyecto conjunto representa un paso adelante en el estudio de la percepción artística y en el diálogo entre disciplinas científicas y humanísticas, abriendo nuevas vías para comprender el profundo significado del arte en nuestra cultura y en la vida de cada persona.
¹ Noë, Alva. Strange Tools: Art and Human Nature. New York: Hill and Wang, 2015.
² De Felipe, Javier. El jardín de la neurología: Sobre lo bello, el arte y el cerebro. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2014.
