De la pandemia al emprendimiento entre pañales y videollamadas: cómo este matrimonio de Ávila transforma la telemedicina pediátrica
El confinamiento pilló a Arantxa, pediatra especializada en neonatología, y a César Jiménez, enfermero pediátrico, en su casa de Ávila con un recién nacido y otro que todavía estaba en edad de guardería.
Entre pañales, videollamadas y llantos de bebé, empezó algo que en aquel momento ni siquiera sabían que sería un proyecto.
Desde el móvil y casi sin darse cuenta, comenzaron a resolver dudas médicas de amigos, familiares y conocidos que necesitaban poder el día a día de la salud de sus hijos a ser posible sin pisar una consulta. Las décimas de fiebre, los cólicos, los primeros dientes, los virus de estómago… todo pasaba por Arantxa y César.
Ese “teléfono rojo pediátrico” improvisado funcionaba tan bien que, pasado un tiempo, comprendieron lo que había ocurrido: habían probado un modelo de telemedicina antes de que existiera su propia empresa. La idea de Cunina había nacido, aunque en el aquel momento no había sido aún bautizada.
“Queríamos un servicio que ofreciera la atención que a nosotros nos hubiera gustado recibir en muchas ocasiones. Estábamos convencidos de que había una manera diferente de hacer las cosas y que, al mismo tiempo, nos permitiera conciliar”, explica Arantxa.
Su experiencia previa en consulta presencial y online había dejado claras las limitaciones del sistema actual: esperas interminables, poca continuidad con las familias y consultas demasiado cortas. Aunque también sabía algo decisivo: cuando se trata de niños, muchas consultas pueden resolverse a distancia sin necesidad de desplazar a un pequeño enfermo y evitando además contagios en salas de espera.
En definitiva, mercado tenía un hueco y parecía diseñado para ellos. Una telemedicina pediátrica flexible y accesible, pero con la calidez y la calidad que se asocia a la presencialidad. También una oportunidad de acercar atención especializada a zonas saturadas o sin pediatra cerca.
Ese es el espíritu de Cunina. Un servicio de videollamadas con pediatras que elimina desplazamientos y esperas, se adapta a los horarios de cada familia y ofrece también apoyo en lactancia. Pueden contratarse consultas individuales o una suscripción familiar con cuatro consultas al mes para menores de hasta 14 años, un modelo que ya está atrayendo a clientes, sobre todo en grandes ciudades, donde conseguir cita puede convertirse en un pequeño maratón.
El camino hasta aquí no ha sido sencillo. “La parte legal ha sido muy compleja”, reconoce Arantxa, que insiste en la importancia de la paciencia al emprender. Y justo esa paciencia la han cultivado de la mano de los programas de emprendimiento de la Fundación Tatiana.
En 2022 participaron en Sprint, una semana intensa en la que la idea tomó forma y se puso a prueba con expertos y mentores. Meses después, fueron seleccionados para el Programa de Emprendimiento, la mayor plataforma nacional de aceleración para proyectos emprendedores, con formación, acompañamiento y acceso a financiación. El tipo de apoyo que cualquier emprendedor necesita como lanzadera, explica Arantxa.
En junio de 2023, Cunina ganó la beca del programa. Gracias a ella pudieron poner el proyecto en marcha y, en septiembre de este año, el servicio comenzó a funcionar. Arantxa ha dejado ya su trabajo para dedicarse al 100% a este sueño con impacto.
Dos años después de aquel confinamiento, el balance no puede ser más positivo. “A pesar de todos los obstáculos, volvería a emprender. No me arrepiento de haberme lanzado a esto”, afirma.
Hoy, Cunina no solo es una empresa. Es la demostración de que una necesidad real puede convertirse en innovación cuando se escucha a las familias, se cuida la experiencia del paciente y se cuenta con el apoyo adecuado para crecer.
