Iberoamérica en la encrucijada: Crónica del World Jurist Young Program y la humanización del Estado de Derecho
La I Edición del World Jurist Young Program (WJYP), un programa organizado conjuntamente por la World Law Foundation
la Fundación Tatiana y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha reunido a jóvenes juristas iberoamericanos en un itinerario formativo orientado a la defensa del Estado de Derecho y de la dignidad humana. Con la participación de juristas procedentes de 15 naciones de la región, este programa de excelencia académica e inmersión humana persigue un objetivo imperativo: rearmar conceptual e intelectualmente a jueces, fiscales, académicos y abogados frente a las amenazas globales del abuso de poder, la pérdida de credibilidad institucional y la desafección democrática.
El programa comenzó en abril y se articuló desde entonces a través de sesiones online semanales, en las que los participantes fueron abordando, de la mano de destacados juristas y académicos internacionales, cuestiones relacionadas con el Estado de Derecho, la Constitución, los poderes del Estado, los controles institucionales, los derechos humanos, los procesos electorales, la corrupción y los procesos constituyentes. La estancia presencial en España se integró en este itinerario como una fase especialmente intensa de formación, convivencia y contacto directo con instituciones y referentes intelectuales.
A lo largo de quince intensas jornadas en España, la estancia presencial trazó una rigurosa hoja de ruta intelectual por Ávila, Madrid y Salamanca orientada a situar de manera permanente la dignidad de la persona en el núcleo de la justicia.
Ávila: el despertar de la conciencia
La estancia presencial en España comenzó en la histórica ciudad de Ávila, donde los alumnos iniciaron su andadura con el taller «Raíces de la Democracia», liderado por la formadora y pedagoga Marina Peña.
A diferencia de los seminarios jurídicos convencionales de carácter puramente doctrinario, el taller de Marina Peña se estructuró sobre una metodología disruptiva orientada a la introspección y al autoconocimiento.
Desde el primer momento, la propuesta de Peña planteó un cambio de perspectiva: antes de hablar de democracia, justicia o instituciones, había que detenerse en la persona que está llamada a defenderlas.
La comprensión de la vulnerabilidad humana se convirtió así en uno de los puntos de partida del taller. Peña insistió en la necesidad de que los juristas comprendan el papel de las «vulnerabilidades» para poder ejercer su labor con sensibilidad y justicia real. Frente a las abstracciones del poder o del dinero, el verdadero valor se encuentra en el ser humano y en su capacidad de actuar: «el valor está en usted y usted puede hacer cosas».
Ese ejercicio de mirar hacia dentro exigía, además, superar una de las inercias más arraigadas en las profesiones jurídicas: la tendencia a racionalizarlo todo. «Todos tendemos a racionalizar las cosas, no es fácil hablar desde el lado de la vulnerabilidad», advertía Peña. Por eso, el taller propuso suspender, al menos por unas horas, el debate puramente cerebral para abrir un espacio en el que los participantes pudieran hablar desde la experiencia y desde lo que sentían.
La metodología se apoyó también en preguntas aparentemente sencillas, pero profundamente incómodas para quienes están acostumbrados a responder desde el conocimiento técnico: ¿cómo se sienten?, ¿qué es la vocación para ti?. Con ellas, Peña desplazó el foco de las respuestas académicas hacia las experiencias personales.

En ese proceso adquirió una importancia especial la diversidad del grupo. El taller promovió la creación de «pequeñas comunidades» de trabajo en las que convivían distintas procedencias, culturas, profesiones y experiencias vitales. «Diversidad de sexo, de cultura, de trabajo, de profesión», explicaba Peña, entendiendo esa heterogeneidad no como una dificultad, sino como una fuente de riqueza: «en la diversidad, porque hay más, la diversidad tiene más posibilidades de mirar».
Así, los cinco pilares del taller —la conciencia de la vulnerabilidad, la superación de la racionalización, la pregunta personal, la riqueza de la diversidad y la experiencia de una democracia real— terminaron formando una única propuesta: humanizar la mirada antes de ejercer el Derecho.
El vicepresidente de la Fundación Tatiana, Álvaro Matud, destacó que este diseño metodológico fue el verdadero éxito de la estancia. Lejos de ser una actividad aislada, el taller de Marina Peña actuó como el «hilo conductor» de toda la experiencia, permitiendo que un grupo de juristas desconocidos forjara en pocos días una comunidad humana indisoluble y con una sensibilidad compartida muy profunda antes de afrontar las densas ponencias institucionales y teóricas.
Esta inmersión antropológica y pedagógica caló hondo en los participantes. Para la abogada mexicana Daniela Carrasco Berge —candidata a doctora por la UNAM y ex Secretaria de Estudio y Cuenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN)—, el taller inicial de Ávila fue crucial para «desarmar» las corazas técnicas y el escepticismo inicial del grupo, construyendo un espacio de confianza horizontal que facilitó enormemente los intensos debates posteriores.
Por su parte, Anselmo Coelho Hernández, profesor de Derecho Constitucional e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas, describió el impacto de este retiro estratégico sobre su concepción dogmática de la ley:»Suelo abordar la idea de dignidad humana desde la óptica académica, procuro encontrar su contenido a partir de lo que sobre ella han dicho los autores, las cortes o los instrumentos jurídicos… Pero aprehender verdaderamente lo que constituye la dignidad humana es algo que solo se logra fuera de las páginas de los libros, viendo y sintiendo el impacto que tiene una conversación profunda con alguien más, captando su humanidad (y captando, en ese mismo proceso, la propia)».
Madrid: entrar en el corazón de las instituciones

Una primera estancia en Madrid dio el pistoletazo de salida a la denominada «semana institucional», una inmersión directa en el corazón de los poderes del Estado y las corporaciones clave del orden democrático español y europeo.
La agenda desarrollada en Madrid incluyó encuentros de alto nivel con destacados representantes de las principales instituciones y actores del panorama público español y europeo. Entre ellos, se mantuvieron reuniones en el Palacio de la Zarzuela con Camilo Villarino, Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey; en el Tribunal Supremo, con el magistrado Julián Sánchez Melgar; y en el Tribunal Constitucional, con su presidente, Cándido Conde-Pumpido. Asimismo, tuvo lugar una sesión de trabajo con Daniel Calleja, director de la Representación de la Comisión Europea en España, centrada en la arquitectura jurídica y la proyección internacional de la Unión Europea. La agenda se completó con encuentros en los ámbitos social, corporativo y de la sociedad civil, que permitieron abordar cuestiones como la calidad institucional, la lucha contra la corrupción y el papel de los medios de comunicación y las empresas en el fortalecimiento democrático.
Durante la visita al Tribunal Constitucional, Daniela Carrasco destacó el extraordinario valor técnico y la cercanía de estas reuniones de alto nivel. Carrasco, con una experiencia de diez años proyectando sentencias complejas en la corte constitucional mexicana, valoró especialmente el fructífero intercambio técnico sostenido con el letrado del presidente del tribunal, un rol de asesoría análogo al que ella misma desempeñó en la Suprema Corte, lo cual permitió una profunda fertilización cruzada de experiencias jurisdiccionales y de la práctica de la defensa constitucional.
Para Anselmo Coelho, los encuentros de Madrid hicieron patente un admirable e inspirador «profundo arraigo con la institucionalidad».
En el plano doctrinal, Coelho destacó especialmente el almuerzo de trabajo sostenido con el Dr. Manuel Aragón Reyes, catedrático de Derecho Constitucional y magistrado emérito del Tribunal Constitucional. El profesor venezolano rescató una advertencia de Aragón que considera medular para pensar en la reconstrucción de su propio país: la transición a la democracia y el consenso constitucional exigen un núcleo fundamental de coincidencias morales y principios comunes indispensables.
Salamanca: volver a las raíces intelectuales
El programa se desplazó a Salamanca, coincidiendo con el V Centenario de su célebre Escuela, cuna histórica del derecho internacional moderno y de la afirmación de la dignidad humana en Occidente. Las sesiones académicas se desarrollaron en las aulas del histórico Colegio Arzobispo Fonseca y en el emblemático Aula «Francisco de Vitoria» del edificio histórico de la Universidad de Salamanca (USAL).
En esta fase, la formación combinó dos vertientes intelectuales de alto nivel. En primer lugar, un taller intensivo dirigido por el ensayista Carlos Granés sobre «Historia intelectual y cultural de América Latina», analizando la compleja aclimatación de la democracia liberal, la herencia del caudillismo, el modernismo y el populismo del siglo XX.
En segundo lugar, una inmersión en la tradición de la Escuela de Salamanca a través de sesiones académicas a cargo de profesores de filosofía de la USAL como David Jiménez Castaño, María Martín Gómez y Juan Manuel Bautista Jiménez, orientadas a examinar las doctrinas de Francisco de Vitoria sobre la «guerra justa» y la dignidad universal de los pueblos en el nuevo orden mundial.

En este entorno salmantino, Anselmo Coelho pudo constatar que las ideas iusnaturalistas nacidas en el siglo XVI no son meros objetos de estudio arqueológico, sino principios de una asombrosa vigencia que continúan inspirando de manera directa el funcionamiento y el compromiso de los operadores de la institucionalidad europea contemporánea.
Para Daniela Carrasco, el rigor histórico, filosófico y humanista de las aulas salmantinas supuso un complemento perfecto a su formación jurídica. Esta perspectiva consolidó su convicción de que el Derecho no puede entenderse como una técnica aislada o aséptica, sino como una vocación indisolublemente unida a la ética y al servicio del ser humano.
Madrid: los desafíos de nuestro tiempo

La clausura volvió a tener lugar en Madrid para abordar la realidad geopolítica, la desafección ciudadana y los desafíos tecnológicos globales.
El exministro de Justicia de Colombia y actual vicepresidente del Grupo PRISA, Fernando Carrillo Flórez, ofreció una sesión magistral sobre el concepto de «capital democrático».
Carrillo instó a los jóvenes juristas a asumir una responsabilidad cívica activa y dictó una severa advertencia sobre los nuevos riesgos globales. Denunció cómo el abuso del poder en el siglo XXI se manifiesta a través de la institucionalización de la mentira y la creación de «hechos alternativos» masificados por algoritmos privados sin control ético ni democrático, diseñados deliberadamente para la radicalización mental y la polarización directa.
Carrillo también subrayó que el gran desafío de las democracias en América Latina es ofrecer resultados materiales palpables en materia de pobreza y desigualdad social. «Una democracia sin desarrollo no tiene legitimidad, pero un desarrollo sin democracia tampoco la tiene», aseveró rotundamente.
Una llamada al coraje democrático
El programa culminó con una decisiva visita institucional al Congreso de los Diputados el 30 de julio para sostener un debate con la diputada Cayetana Álvarez de Toledo.
Álvarez de Toledo advirtió de que la democracia es un sistema frágil que depende enteramente de la «buena fe» de los actores políticos, criticando con severidad las estrategias populistas de polarización deliberada («divide y vencerás») destinadas a erosionar la neutralidad de instituciones clave como el Tribunal Constitucional y la Fiscalía General del Estado.
Álvarez de Toledo advirtió de que la democracia es un sistema frágil que depende enteramente de la "buena fe" de los actores políticos, criticando con severidad las estrategias populistas de polarización deliberada ("divide y vencerás") destinadas a erosionar la neutralidad de instituciones clave como el Tribunal Constitucional y la Fiscalía General del Estado.
Frente a esta preocupante deriva, formuló un vehemente llamamiento a actuar con coraje y convicción como auténticos «militantes de la democracia», algo que interpeló a muchos de los participantes por sus propias vivencias.
Daniela Carrasco explica su salida Suprema Corte de México en 2024, tras dedicar una década al servicio judicial de carrera. Carrasco vivió la frustración democrática que supuso el proceso de reforma constitucional que destituyó a la judicatura del país para reemplazarla por voto popular masivo mediante listas o «acordeones» distribuidos de manera oficialista.
Frente al desmantelamiento institucional, Carrasco migró a la universidad como una vía de resistencia activa para formar a sus estudiantes no solo en la técnica rigurosa del derecho, sino como «militantes» alertas de los valores cívicos frente a la apatía y el individualismo contemporáneos.
Anselmo Coelho conectó la necesidad del coraje cívico con la dolorosa realidad que atraviesa Venezuela. Para el profesor constitucionalista, el taller del profesor Gerardo Fernández y la emotiva conexión online de clausura con la líder opositora venezolana María Corina Machado —quien expuso con elocuencia la lucha moral por el orden liberal, la verdad de los hechos frente a la posverdad y el fin de las cleptocracias que saquean las naciones como botín— supusieron hitos de una inmensa trascendencia política y humana para los jóvenes juristas.
Una red sólida de juristas por el Estado de Derecho
La estancia presencial en España del World Jurist Young Program ha cumplido con creces su alta vocación formativa y humana, dotando a esta cohorte iberoamericana de herramientas prácticas e intelectuales para la defensa cívica del Estado de Derecho.
Anselmo Coelho Hernández resumió el sentir de los participantes al concluir esta estancia: «Sentir tan de cerca la solidaridad de toda la región, y su compromiso personal de apoyar la gesta por la libertad de Venezuela y la dignidad de los venezolanos, me hizo volver a casa con energías recargadas para los esfuerzos diarios que implica la lucha por la reconstrucción nacional”.
Anselmo Coelho cree que ese vínculo va a marcar lo que queda de programa. “Quedan por delante conferencias muy interesantes con grandísimos profesores, pero ahora las viviré con el añadido de una camaradería especial con los demás cursantes, lo cual le suma aún más a la experiencia”, explica.
La experiencia presencial también ha abierto la puerta a una dimensión que va más allá de las propias clases. Entre conversaciones, debates y encuentros han empezado a surgir ideas de colaboración académica entre los participantes, desde investigaciones hasta futuros eventos. Para Coelho, ese puede ser uno de los grandes frutos de esta primera edición: “Ver los primeros pasos de una sólida red de juristas por el Estado de Derecho me empuja a aprovecharla en todas sus dimensiones, con el objetivo de seguir promoviendo la dignidad humana”.
Al regresar de España, los alumnos del World Jurist Young Program vuelven a sus países como una comunidad de jóvenes juristas que ahora afronta la segunda parte del programa con la convicción de que defender el Estado de Derecho no es solo una tarea individual, sino también una tarea compartida.